El jefe que da miedo

Por Manuel Felipe Tamayo *


 

Cerca al lugar en donde vivo hay un mall comercial que suelo visitar con mi familia una o dos veces por semana para asuntos básicos como hacer las compras del mercado o tomarnos un café al final de la tarde antes de llegar a casa. El lugar es bastante completo desde el punto de vista de los servicios que ofrece y es posible encontrar desde una sastrería y una tienda de regalos hasta un sitio de comida típica y una farmacia.

Precisamente, hace unos días debí pasar por la farmacia para comprar algunos medicamentos para niños y visité un punto de venta de una importante y extensa cadena nacional de artículos farmacéuticos.

El lugar es en realidad bastante conocido para mí pues luego del nacimiento de mi hija ( ya hace más de un año) debo hacer compras periódicas  de todo tipo de artículos que hacen parte del cuidado de un bebé.

La frecuencia de visita a este local comercial me permitió durante los últimos meses percibir desprevenidamente algunos elementos de la dinámica del negocio asociados a la forma de relacionarse entre los integrantes del equipo de trabajo, el rol que cumple cada persona en el punto de venta, la forma de organizar los inventarios e incluso tuve la oportunidad de establecer diálogos “técnico-amigables” con varios empleados del negocio de los que debo decir que siempre tuvieron una vocación de servicio que nunca dejó de sorprenderme positivamente pese a las preguntas ridículas que seguramente hice frente al uso de algún producto.

En general, la farmacia siempre fue un buen sitio para visitar por la tranquilidad del ambiente, el trato amigable que recibí de sus empleados y por la eficiencia y claridad en la prestación del servicio. Pero en la visita de esta semana todo cambió.

En esta oportunidad cuando entré al local no escuché las habituales “buenas tardes”, observé que dos de los cinco empleados estaban embebidos en la pantalla de un computador como intentando encontrar algún documento olvidado, vi cajas selladas obstruyendo la zona de pagos y un par  de clientes intentando comprender las instrucciones de uso de un jarabe para la tos sin la más mínima atención de los encargados.

Caminé despacio hasta el mostrador y esperé unos segundos a que alguien me entendiera pero solo hasta que hice un movimiento con mi mano pude llamar la atención de uno de los empleados que estaban frente al computador quien me miró con afán y se limitó a solicitarle en tono alto a un compañero suyo que se encontraba en la parte trasera del local que me atendiera.

Mientras observaba la situación y esperaba con paciencia, otro cliente se acercó al mostrador (una mujer de unos 40 años) y casi al mismo tiempo dos personas salieron del interior del comercio; el primero, un joven empleado que ya había visto en muchas ocasiones y que como siempre estaba uniformado con el traje blanco de los vendedores de farmacia y detrás de él caminaba un hombre mayor con el ceño fruncido y con ropa casual al que jamás había visto en el lugar.

Cuando vi el joven de blanco pensé que seguro venía a atenderme en cumplimiento de la solicitud que su compañero le había hecho hace un minuto, sin embargo, todos los que nos encontrábamos en la farmacia escuchamos una vos estridente y retadora proveniente del hombre detrás de él que expresó:  “Atienda primero a la señora”.

Me quedé perplejo por que quien tenía el turno era yo y evidentemente ante las palabras del imperativo jefe ya lo había perdido, pero también por la forma brusca como le imprimió esa orden al empleado queriendo hacer un ejercicio de poder no solamente con él y con los demás trabajadores del negocio sino con los clientes del comercio para quienes fue imposible no sentirnos incomodos con la situación.

La historia no vas más allá y termina con que uno de los vendedores quien estaba en el computador y que sabía de mi prioridad en el turno, dejó lo que estaba habiendo para con algo de vergüenza atenderme en medio del silencio que reinaba en el ambiente no sin antes decirme en vos muy baja “discúlpenos; él es el jefe”.

Como verán, este no fue un caso cualquiera para mí y estuve pensando durante los días siguientes en los muchos jefes, coordinadores o líderes que he tenido y en sus características; recordé los que me enseñaron con el ejemplo y permanecían cargados de entusiasmo e inspiración y los que eran expertos en sus profesiones y era un gusto escucharlos para aprenderles.

También recordé los que delegaban en exceso y nunca sacrificaron su tranquilidad, muchos que nunca estaban para dar instrucciones pero siempre estaban para mostrarme los errores, otros que intentaban hacer todo en la empresa por desconfianza en el equipo de trabajo y tuve memoria de los que me exigían informes a cada minuto como señal de su poderío…

En el fondo, mi interés inconsciente al recordar cada una de estas personas no era otro que encontrar un líder que me hubiese inspirado miedo, angustia o un sentimiento similar que me permitiera comprender lo que vivieron  los empleados de la farmacia para así solidarizarme con ellos, pero finalmente concluí que nunca tuve un jefe que me hiciera sentir de esa manera y que mi única forma de manifestarme ante la situación era escribiendo esta nota.

No sé cuáles son los mayores logros de ese tipo de liderazgo, no sé si la gente que trabaja en un proyecto empresarial hace mejor las cosas cuando la figura de líder los llena de temor, no alcanzo a comprender si ese estilo de gobierno hace que las estrategias se cumplan con mayor eficiencia y menos si con ese estilo de jefatura la visión del negocio se vislumbra al final de cada jornada con mayor claridad… no lo sé. Lo único que sé es que en mis negocios y estando al frente de mis equipos de trabajo jamás quiero ser como el hombre de ceño fruncido que conocí en la farmacia.

*Fundador & director de Empresas Creciendo Bien. Experto en gerencia de nuevos negocios, consultor certificado en modelación de negocios y creación de empresas. Docente y conferencista.

1 Respuesta

  1. Solo queria confesarte que soy nuevo en esto de desarrollar paginas y despues contemplar la tuya me siento animado.