Estilos gerenciales y personalidad

Por Manuel Felipe Tamayo*


 

En mi vida profesional he tenido todo tipo de jefes. Recién empecé a ejercer mi profesión de administrador de empresas en una importante compañía dedicada al mercado de capitales, conocí al primero de ellos que se caracterizaba por su cercanía con el equipo de trabajo incluso llegando a generar vínculos de amistad con muchos de los que en su momento éramos sus subalternos. Recuerdo de este primer jefe que nunca hizo algún tipo de re-orientación a las personas frente a la ejecución de una tarea  ejecutada de forma deficiente pues su papel de “amigo de todos” le imposibilitaba emitir con firmeza criterios de calidad tal vez porque ante una apreciación de ese tipo pondría en vilo la amistad que dentro de la oficina había construido.

Luego, en una compañía multinacional de seguros, encontré un director que al contrario del anterior era totalmente distante de las personas. Él estaba a cargo de al menos ocho empleados y, cuando mucho, lo veíamos una vez a la semana ya que toda su comunicación con el equipo de trabajo se limitaba al correo electrónico y ante alguna urgencia hacía uso del teléfono interno evitando a toda costa hacerse presente en nuestras oficinas. Esta última situación derivó en que cuando veíamos su nombre en el identificador de llamadas sentíamos algo de terror como esperando lo peor y ni mencionar nuestra sensación cuando por casualidad veíamos que se acercaba caminando hacia nuestros escritorios.

Posteriormente y por muchos años tuve una jefe muy particular; extremadamente diligente, con habilidad para controlar los procesos, con suma capacidad para gestionar los recursos financieros y con un trato especial hacia todos sus subalternos de género masculino con los cuales era capaz de generar una relación de confianza y camaradería excepcional sin perder su rol de directivo, sin embargo, jamás tuvo la habilidad suficiente para gestionar a las mujeres de su equipo de trabajo. No me pregunten por qué, pero los hombres vivíamos en una especie de paraíso laborar con ella caracterizado por tiempos flexibles para entregar informes y por un trato comprensivo frente a las eventuales fallas en la operación del negocio, mientras nuestras compañeras vivían un infierno con una jefe estricta, crítica de su labor, voluble y con un mal humor permanente hacia ellas.

Han pasado muchos años y aún recuerdo a esos y a otros jefes que tuve en mi vida de empleado. Todos diferentes y con características especiales para dirigir en función de su personalidad y de las herramientas técnicas y formativas que las compañías les dieron en su momento para ejercer su papel en la coordinación de algún proceso.

Esa mezcla de estilos gerenciales que he conocido me ha hecho pensar que la actividad gerencial está compuesta de múltiples variables administrativas que con el paso del tiempo se han convertido en un estándar de operación de los cargos directivos y que quièrase o no, son responsabilidad de la persona que asume el liderato de un equipo de trabajo. Los estándares a los que me refiero son la capacidad para administrar los recursos técnicos, humanos y financieros y las habilidades de encadenar los procesos que se tienen a cargo con la filosofía del negocio en cumplimiento de las expectativas de los socios, las comunidades y los clientes… ¿Se imaginan un gerente sin estas capacidades?

Sin embargo, en el centro de todos estos factores está la vida misma de quien dirige y su forma de ver el mundo, sus valores y creencias, su historia personal con sus derrotas, éxitos y anhelos, lo que hace que el reto de la gerencia moderna no sea otro que conocer y apropiarse de los elementos técnicos (estándares) necesarios para gerenciar manteniendo siempre el equilibrio con lo que nos caracteriza a nivel personal. Hoy se trata de llevar los negocios con objetividad y capacidad de priorización entendiendo que para el desarrollo de las empresas se deben anteponer  los principios de la administración ante los paradigmas personales.

De esta forma, no importa si usted es como mi primer jefe “súper-amigable” o si tal vez sea como el segundo “ultra-reservado” o si sufre de “inhabilidad para la administración de género” como el tercero, pues lo realmente relevante es que su gestión se presente bajo el cumplimiento de los principios gerenciales que optimizan los recursos y operan con enfoque de desarrollo empresarial y ya después cada quien dará su toque personal…

*Fundador & director de Empresas Creciendo Bien. Experto en gerencia de nuevos negocios, consultor certificado en modelación de negocios y creación de empresas. Docente y conferencista.

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